jueves, 14 de noviembre de 2019

Respondiendo a la página Chris Du Pond sobre la lógica y la trinidad


Respondiendo a la página Chris Du Pond sobre la lógica y la trinidad
Por Samuel Jaque Barrios



Me ha llegado una publicación de parte de un trinitario de una página conocida en temas de apologética cristiana, Chris Du Pond, escrita por Matias E. Arancibia, en la cual, se intenta encuadrar el trinitarismo con los principios lógicos aristotélicos, para intentar demostrar que la trinidad no es ilógica, sin embargo, al analizar sus justificaciones, vemos que esas justificaciones no logran cumplir su cometido, a continuación, presento el porqué en ella se hace una ineficiente justificación de su premisa:

La publicación que rebatiré está en el siguiente enlace:


1. Sobre el principio de No Contradicción
En el punto uno, el autor sostiene que no hay contradicción en el dogma trinitario, por cuanto el Dios es uno en "ser", y tres en "personas", es decir, un Dios que es uno y tres pero en distintas categorías referenciales. Y no tres y uno en una sola categoría, como por ejemplo sería; tres seres en un ser, o tres personas en una persona. En principio, esto suena correcto, si asumimos que los términos no son interdependientes, sin embargo, el autor olvida (quizás voluntariamente) definir el término "ser" y "persona", sabiendo que estos conceptos tienen una amplia variación en sus significados según el contexto. Por lo que se nos hace delicado criticar los enunciados (A y B) al no saber en definitiva a qué exactamente se refiere el autor. Debido a eso, acudiremos nosotros a las definiciones estándares de estos términos para fines de esta refutación, así "ser" es definido como "ente particular o sujeto referencial que se individualiza existencialmente sea físico o no"[1], y "persona" se define como "ser con capacidad de raciocinio y consciencia, con propia identidad"[2]. Y en este caso, "personalidad" es el "conjunto de cualidades que constituyen a la persona o sujeto inteligente"[3] de modo que la personalidad hace a las cualidades, y la persona al sujeto con estas cualidades, así, en consecuencia, una persona es un ser con personalidad, por ende, cuando hablamos de una persona, necesariamente estamos hablando de un ser, y lógicamente, si hablamos de tres personas, estaríamos hablando de tres seres y no de uno. Lo cual, es incompatible con la idea trinitaria que se nos ha presentado en la publicación, pues en estos términos, la trinidad es una contradicción, porque tres personas vendrían a ser tres seres, sin embargo, el autor de la publicación alega que el Dios solo es un ser, causando una contradicción lógica. Por lo tanto, el argumento no pasa la regla de la no contradicción.


2. Sobre el principio de Identidad
En el punto dos, el autor demuestra la inoperancia de la transitividad de los términos que representarían algebraicamente a las personas, de modo de que, cada persona no son el mismo, sino iguales, descartando una identidad transitiva, tal y como lo hace con el ejemplo de las dos monedas que esencialmente son iguales (identidad isológica o en esencia[4], de la misma especie) más no la misma moneda (identidad autológica o en sustancia[5]). Así, por ello, podemos ejemplificarlo con tres individuos de la especie humana, mientras que hay igualdad en esencia entre las tres personas, o "una esencia" (singularidad específica, o identidad isológica) común, los individuos como tal aunque siendo la misma esencia, se distinguen entre sí por ser entes distintos. Por eso que el autor termina este punto con "la transitividad es inaplicable". Dicho lo anterior, el punto problemático aquí no es respecto a las personas, sino más bien a las implicaciones que conlleva afirmar que el ser del Dios es el patrón divino de las personas, haciendo que el "ser del Dios" sea la esencia o naturaleza misma de las personas, o sea, se reduce al Dios a ser solo características o cualidades del sujeto, en este caso, el Dios deja de ser un ente o ser, y se atribuye como cualidad de los sujetos, lo cual, es equivalente a referirse a tres monedas distintas o a tres personas humanas distintas, donde la especie viene a ser "Dios", lo cual, no es el reflejo del concepto de la trinidad, ya que la distinción de las personas poseyendo cada una la cualidad de ser Dios, causa la multiplicación de la especie, y por ende, tres dioses. Así, por ejemplo, tres monedas con mismas características, son del mismo material o esencia, pero no la misma sustancia, causando tres entes iguales (tres monedas de mismas características materiales y técnicas).

Por otro lado, apartado de lo anterior, la ecuación que presenta el autor al final de este punto 2 es errado, pues para dejar de expresar transitividad, el autor separa los términos a través de comas (",") lo cual, en términos prácticos, es igual a la unión de estos términos, es decir, a la adición o suma. Por lo que causa que cada componente sea fracción del total (del ser), lo cual, es irreconciliable con la trinidad y con la explicación antes dada, ya que cada persona divina, según el trinitarismo, es el Dios 100% en sí mismo y no una parte o fracción. Hasta ahora, no existe ecuación conocida que pueda representar el enunciado trinitario.


3. Sobre el principio del tercero excluido
En el punto tres se presentan ejemplos para abarcar la regla del tercero excluido, el problema de ese punto es que se excluyen alternativas solo en determinados aspectos y no en todos, además, no excluye a todas las alternativas. El propósito del tercero excluido es que al presentar dos posibles opciones en una proposición contingente, y estas opciones deben ser contradictorias disyuntivamente, o es una o es la otra, pero no las dos. Sin embargo, el autor presenta un enunciado en determinado aspecto que no abarca totalmente el enunciado trinitario y lo respalda con citas bíblicas y presenta excluida determinada alternativa incompatible con el enunciado y la cita, algo que realmente es errado, pues existen otras alternativas que satisfacen ese enunciado. Por ejemplo, en el punto A se afirma "solo hay un Dios que es inmutable, eterno e indivisible y simple" y se descarta al "triteismo", no obstante, tal enunciado puede fácilmente ser compartido por el unicitarismo y el arrianismo, el cual sostiene la misma premisa en cuestión, por lo que excluir al triteismo no causa lógicamente que la trinidad sea la alternativa correcta. O sea, el autor se equivoca en hacer el tercer excluido, ya que este principio solo aplica bajo enunciados necesariamente duales y contradictorios, por ejemplo "Es el Dios en tres personas o no es el Dios en tres personas", además, el autor pretende hacer una suma acumulativa de anunciados con aparente soporte bíblico que al juntarlos, como una suerte de cadena, intenta validar a la trinidad, lo cual, ese es otro problema, no solo porque el mismo unicitarismo y cualquier otra doctrina podría hacer y aparentar validez si hace una conveniente selección de textos bajo su interpretación, sino también porque ese método solo funciona con demostraciones fácticas, hechos que pueden demostrarse y resolver la disyuntiva.

Esta cuestión más que ser abarcado en términos fácticos, debe ser abarcado en términos hermenéuticos, ya que los textos respaldatorios pueden ser igualmente usados por una o más doctrinas distintas, lo cual, dependerá de la interpretación. Y como demostración, tómese el siguiente ejemplo: "Jesús es el Dios verdadero o no es el Dios verdadero." No es el Dios verdadero según Juan 17:3, ya que al decir que su Padre es el único Dios verdadero, se excluye a sí mismo de serlo al aplicar el término "único" (exclusividad). Como vemos, aquí claramente se descartaría a Jesús de ser el Dios y por lo tanto significaría la invalidez del trinitarismo bajo el principio del tercero excluido, sin embargo, este texto por lo general sufre distintas interpretaciones por diferentes doctrinas que afirman la deidad de Jesús, por ello escapan de la conclusión del ejemplo dado anteriormente. En otras palabras, el tercero excluido siempre será correcto según quien lo esté aplicando pero puede ser incorrecto por quien lo critique, pues el respaldo para sustentar el enunciado, es la biblia, y ésta, desafortunadamente está sometida a múltiples interpretaciones aun en un solo texto. Por lo que este punto queda a discusión doctrinaria.


En resumen, en el punto uno, se asume al Dios como un ser y tres personas, pero la justificación carece de una correcta demostración semántica, lo cual, es esencial para validar la lógica de los enunciados A y B, y al definirlos, se pone en evidencia la contradicción lógica ya que asumen al Dios como un ser, pero al hablar de tres personas, definitoriamente se apela a tres seres. En el segundo punto, aunque esté correcto en la no transitividad de las personas, hace su justificación incompatible al punto uno, aquí, indirectamente no se asume al Dios como un ser, sino como en función de esencia, lo cual, estos son conceptos distintos, y al asumirlo como esencia, causa que las tres personas sean equivalentes a tres Dioses y no a uno. En el punto tres, se hace irrelevante aplicar este punto, ya que la demostración variará según los textos bíblicos respaldatorios que se citen y su respectiva interpretación, y estos, son en sí mismas cuestionables y sujetos a diversas interpretaciones, por lo que el debate se traslada a temas hermenéuticos y no fácticos.




NOTAS
[1] Ser (como sustantivo): Ente particular o sujeto referencial que se individualiza existencialmente, independientemente de que sea físico o no. Puede leerse una definición más detallada en:

[2] Persona: Ser con capacidad de raciocinio y consciencia con identidad propia. Ver definición ampliada en:

[3] Personalidad: Conjunto de cualidades queconstituyen a la persona o sujeto inteligente. RAE. Acep. 8. Disponible en línea en:

[4] Esencia: Conjunto de características que hacen ser lo que es. Aristóteles lo llama sustancia segunda. Lo universal. Ampliación de concepto:

[5] Sustancia: Donde residen o inheren el conjunto de características que hacen ser lo que es. Aristóteles lo llama sustancia (substancia), o sustancia primera. Lo particular. Ampliación de concepto:




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lunes, 28 de octubre de 2019

La dicotomía del ser vivo


La dicotomía del ser vivo
Por Samuel Jaque Barrios


Puedes ver este estudio en video y/o leerlo


La creencia popular sostiene que el hombre está compuesto por alma, cuerpo y espíritu, y postula que el alma es un ente inmaterial consciente e inmortal que se separa del cuerpo cuando el ser vivo muere, coherente con las ideas promovidas por Platón en el siglo IV a. C., tomadas del orfismo griego, y de él luego San Agustín[1] subsistentes hasta nuestros días y mantenidas por la mayoría de creyentes, y otros autores más osados, afirman que el espíritu también es un ente inmaterial distinto del cuerpo y el alma[2], haciendo del hombre un ser tripartito antropológicamente, dándole distintas funciones a cada uno de estos elementos según su naturaleza dinámica (emotiva, racional, física). Otros, tienden a confundir el alma con el espíritu como si fuesen lo mismo. Sin embargo, en el desarrollo de este breve estudio, veremos que, bajo una perspectiva bíblica, no solo que el ser vivo está compuesto por dos elementos constitutivos, es decir, que es bipartito o dicotómico, sino también, que el alma es algo susceptible a desaparecer o dejar de ser. El objeto de este estudio no solo es el ser humano, también lo son, por extensión, los animales, es por ello que el título se refiere al ser vivo, a modo de ser más abarcativo, pero considerando solo a estos dos tipos de seres vivos.  

Para comenzar a comprender este tema, debemos primordialmente analizar el acto de formación del hombre y los animales, es decir, iniciar por el principio de la creación. Para esto, usaremos dos textos bases como pilares de este análisis, el primero es Génesis 2:7, que se refiere al comienzo progresivo de la vida del hombre, y el segundo Eclesiastés 12:7, que se refiere al final regresivo de la vida del hombre. Estos textos serán los Principios regidores de toda la interpretación de los demás textos que se puedan citar o aludir, es decir, que cualquier interpretación que hagamos de otros textos que podamos mencionar, debe necesariamente ser coherente discursivamente a lo que presentan estos pasajes bíblicos, ya que estos nos presentan descriptivamente cómo aparece, se constituye y desaparece el hombre. El primer texto, como principio regidor y esencial para comenzar a entender este tema es el pasaje de Génesis 2:7. Leámoslo:
"Formó, pues, el Señor Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente." (LBLA)
En esta primera aproximación, vemos que en el texto se nos presentan los tres conceptos principales, el cuerpo, el espíritu y el alma, y la relación entre ellos: El primero es el cuerpo, al decirnos; "Formó, pues, el Señor Dios al hombre del polvo de la tierra", en esta etapa, es evidente que se está haciendo alusión al cuerpo del hombre hecho de la misma tierra, materia física, un cuerpo, que como conocemos, creado con multisistemas biológicos extraordinarios, permitiendo al cuerpo tener excepcionales capacidades psicomotoras e intelectuales, aquí tenemos al primer elemento constituyente, sin embargo, hasta ahí, el cuerpo aun es inanimado e inactivo vitalmente. En la segunda parte del pasaje, se nos incorpora el segundo elemento constituyente que compone al hombre, el espíritu o aliento de vida, al decirnos "y sopló en su nariz el aliento de vida", el término utilizado aquí para "aliento", es "neshamah" (נְשָׁמָה), que tiene por significado "espíritu, viento, hálito, aliento, respiración, soplo"[3] (entre otros significados referidos a otros contextos), estos términos y también la función del aliento de vida, se usa equivalentemente al término hebreo "ruaj" (ר֫וּחַ) con igual significado[4] (espíritu o aliento de vida del hombre: Génesis 6:17; 7:15,22, etc), términos equivalentes al griego “pneuma”[5]. En esta segunda etapa el Dios inyecta en el cuerpo inanimado hecho de la tierra, el hálito que generará la activación vital del cuerpo, como dice "aliento de <vida>", este aliento o espíritu, tiene la función de dar vida a la materia donde se aplica, así el ser humano, inicia la animación y el comienzo de su respiración como ser biológicamente vivo, es decir, este aliento viene a ser como aquella energía generadora de vida que proviene del Dios. Dando como resultado al ser vivo completo y pleno, es decir, al ser viviente, y es aquí donde se nos introduce el tercer concepto, pero no como un tercer elemento constituyente más, como lo fueron los dos anteriores (cuerpo y espíritu), sino como el resultado de esta unión elemental. Este tercer concepto es el alma, cuando leemos en el pasaje "...el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente" notaremos que el término hebreo usado en las palabras "vida" y "ser" mencionadas, es "nefesh" (נָ֫פֶשׁ), que tiene por significado "alma, ser, vida, yo, persona" [6] (entre otros significados referidos a otros contextos), equivalente al griego “psuché/psique”[7], es por ello que algunas traducciones en otras versiones bíblicas en vez de decirnos "ser viviente", nos lo presentan como "alma viviente", en otras palabras, según este pasaje, el alma viene a referirse al compuesto resultante de la unión del cuerpo y el espíritu, que dado estos dos elementos juntos, el hombre viene a ser un ser vivo, es decir, que el alma es expresado por el autor no como un ente o elemento más del individuo, sino como el ser completo del individuo, el ser animado que vive y existe material y sensiblemente, como resultado de la unión de los dos elementos anteriores. Es importante notar que antes de la creación del hombre, el alma (el resultante) no preexistía como un ente inmaterial o espiritual como un ser consciente, sino más bien que su estado previo era de inexistencia, no así el segundo elemento (el espíritu) que sí es preexistente, pues es energía que procede del Dios, quien es la fuente generadora de esta energía que da vida al cuerpo, por otro lado, el cuerpo no existía como tal, solo polvo de la tierra del cual fue hecho. La ecuación desarrollada en este primer texto citado de Genesis 2:7, ha de expresarse así: “cuerpo + espíritu = alma”.

El segundo texto base de este análisis,  y segundo principio regidor, con referencia a la composición del hombre, es Eclesiastés 12:7, que a diferencia del texto de Génesis 2:7, éste nos muestra lo que sucede al efectuarse el proceso final regresivo del hombre, es decir, la muerte. Cito: 
"Entonces volverá el polvo a la tierra como lo que era, y el espíritu volverá a Dios que lo dio." (LBLA)
En esta segunda aproximación, notamos que se mencionan los dos elementos constituyentes del hombre que fueron presentados anteriormente, después de que los versículos anteriores de Eclesiastés hicieran alusión a la muerte del hombre (v. 5-6), aquí se señala en la primera parte del verso, la etapa del proceso que el cuerpo sufre al morir; volver a la tierra de donde salió o lo que era antes de tener vida. Posteriormente, en la segunda parte del versículo, se nos menciona la separación del espíritu del cuerpo, que seguidamente vuelve al Dios, quien lo había soplado antes. Todo esto, hace alusión al conocimiento del autor, su forma de ver el proceso de muerte y la composición del hombre, es concordante con el conocimiento que tenía el autor del libro de Génesis. En este caso, Salomón, repite el mismo patrón, dos componentes constitutivos, siendo la ecuación “cuerpo – espíritu = muerte”, de manera tal que la desunión entre ambos, o la falta de uno de ellos, es equivalente a la muerte del ser vivo, o la existencia de uno solo, no es suficiente para la vida o el alma. Un texto preciso para confirmar esta idea, es el texto de Santiago 2:26 que nos dice “… el cuerpo sin el espíritu está muerto …” , dando validez y confirmación a lo expresado en lo antes analizado. Esta es la razón por la cual Jesús (Lucas 23:46) y Esteban (Hechos 7:59) momentos antes de morir, como cumplido, entregaron su espíritu, sabiendo que esa energía o fuerza que les permitía vivir regresaría a la fuente primaria, haciendo referencia a esta gran verdad enseñada. Por eso también nos enseña Jesús que cuando él venga y realice la primera resurrección, los hombres resucitados saldrán de sus tumbas, es decir, que volverán a recibir el aliento de vida que vivificará sus cuerpos (Juan 5:28,29), demostrando que la única forma de vida del hombre, es por medio de la unión del cuerpo y el espíritu. De lo contrario, sería innecesaria una resurrección del cuerpo, ya que el individuo al estar vivo en un hipotético estado espiritual o como un alma de características espectrales, no requeriría volver a su cuerpo para estar en el reino del Dios, pues se encontraría en un estado propicio para poder entrar a él (1 Corintios 15: 50-53), y la resurrección se tornaría absurda o vana ya que la biblia enseña los resucitados y arrebatados serán transformados a cuerpos espirituales. Esto sería como sacarlos de un estado espiritual y hacerlos físicos para volver a llevarlos injustificadamente de nuevo a un estado espiritual. En cambio, con la perspectiva correcta que acá estamos enseñando, se nos presenta una promesa de resurrección coherente y justificada, ya que el individuo solo vive en el cuerpo, por ende, es necesaria la resurrección y así posteriormente la transformación a cuerpos espirituales para heredar el reino del Dios.

De estas dos aproximaciones podemos inferir algunos principios básicos:
1. El alma es la unión del cuerpo y el espíritu. Por ende, no es un elemento constitutivo, sino un resultado total.
1.1. El cuerpo no es alma. 
1.2. El Espíritu no es alma.

2. La muerte es la separación del cuerpo y el espíritu.
2.1. El cuerpo sin el espíritu está muerto, por ende, no hay alma.
2.2. El alma no sobrevive o no existe (o deja de ser) a la separación del cuerpo y el espíritu.

En este punto, el aliento de vida o espíritu del hombre, no debe ser confundido con los seres espirituales o divinos, los cuales tienen cuerpo espiritual (ejemplo: ángeles, etc), ni mucho menos confundirlo con el Espíritu Santo del Dios, que aunque el Espíritu del Dios es también de vida, pues da vida, no son lo mismo. Dicho esto, para los siguientes textos bíblicos que se puedan prestar a interpretación respecto al mismo tema, debe hacerse de la siguiente manera: a) Si un texto X es coherente con los principios básicos, debe interpretarse literalmente, b) Si no es coherente con los principios básicos, debe interpretarse de manera figurada o de manera simbólica, según el caso. Leamos algunos otros versículos relacionados a esta enseñanza, y principalmente a la función del espíritu o aliento de vida en el cuerpo de cada ser vivo, responsable de la vida de estos: 
"Escondes tu rostro, y se desvanecen; les quitas el aliento, y dejan de ser. Así vuelven a ser polvo” (Salmos 104:29 RVA2015) 
“Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá” (Génesis 6:17 RV) 
“Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida” (Génesis 7:15 RV) 
“Pereció todo ser que habitaba la tierra firme y tenía aliento de vida” (Génesis 7:22 NVI) 
“En su mano está el alma de todo viviente, Y el hálito de todo el género humano” (Job 12: 10 RV) 
“Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron” (Apocalipsis 11:11 RV). 
En estos pasajes que acabo de citar, se nos presenta explícita y claramente la concepción que les estoy exponiendo, de que del espíritu o aliento de vida permite que el cuerpo de cada individuo tenga vida, sea humano o animal indistintamente. Respecto a los animales, otros pasajes que también nos presentan a los animales como seres vivientes (alma), son Génesis 1:20 para los animales acuáticos y aéreos, y Génesis 1:24 para los animales terrestres. 

Uno de los pasajes más citados para referirse al alma como un ente inmaterial que forma parte del ser humano, es Génesis 35: 18, que nos dice “Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín”, sin embargo, además de que no se nos dice que el alma es algo inmortal y que subsiste al morir, tampoco se nos dice que ésta al salir va algún lugar, esto es simplemente porque el autor estaba diciendo que la persona murió, pues como hemos visto, cuando el hombre muere, el alma deja de ser, lo cual, podemos sin ningún problema decir que se nos va el alma o se nos salió, pues es la vida misma la que se nos va al fallecer. Otras traducciones nos presentan el pasaje de la siguiente manera: “Raquel murió al dar a luz. Antes de morir llamó a su hijo Benoni , pero su papá lo llamó Benjamín”(PDT), comprendiéndose claramente que el autor solo estaba refiriéndose a la muerte, y no literalmente a que el alma se desprendía y salía del cuerpo como una especie de ente inmaterial. Algo similar ocurre en Hechos 20:10, donde se nos dice “Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo.” (RV60) Aquí en este versículo, el termino para la palabra "vivo", texto griego vierte el término “psuché”, refiriéndose a la vida, siendo ésta la traducción mayoritaria, sin embargo, algunas traducen el término como “alma” o “vida”, y redactan el versículo “su vida está en él” (RVA2015) o “su alma está en él” (RVA, JBS), en el caso de la versión RVA y versión JBS, dan equivocadamente la impresión de una subsistencia del alma al morir el cuerpo pudiendo confundir al lector, a pesar de que el texto realmente solo tiene la intención de referirse puramente a la vida del hombre, como lo traduce la mayoría de versiones, incluyendo la RVA2015, despejando toda confusión. 

Existen otros usos del  término  "alma/nefesh/psuché" en la biblia, por ejemplo, muchas veces alma es usado para referirse a la vida (Éxodo 4:19: Mateo 10:39; Juan 10:11, etc) y a la persona o personas (Éxodo 16:16; 1 Pedro 3:20; Hechos 27:37). También se hace uso del término para referirse a dos significados distintos simultáneamente en el mismo texto, como es el caso de Ezequiel 18:4, “He aquí, todas las almas (vidas) son mías; tanto el alma (vida) del padre como el alma (vida) del hijo mías son. El alma (persona) que peque, esa morirá.” (Los paréntesis son míos). Un texto que contundentemente nos demuestra que el alma no sobre vive a la muerte, pues el alma es la vida misma de la persona, o sea, si hay muerte, el alma deja de ser.

Así como todo término lingüístico, éstos también son usados como sinónimos de otros conceptos y palabras, e incluso dentro de contextos figurados, que bajo el léxico contextual, pueden hacer referencia a otras cosas, lo que se deben interpretar restrictivamente según cada caso, lo cual, es un fenómeno que sufre todo término y el lenguaje mismo dentro del habla. Algunos usos del término “alma” en lenguaje figurado que podemos mencionar para ejemplificar son los siguientes: Bajo figura retórica de Personificación “Desde la ciudad gimen los moribundos, Y claman las almas de los heridos de muerte, Pero Dios no atiende su oración.”(Job 24:12); en Alegoría “Pero ellos a su propia sangre ponen asechanzas, Y a sus almas tienden lazo” (Proverbios 1:18); en Metáfora y Personificación “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29); Símbolo, refiriéndose a personas sacrificadas “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían” (Apocalipsis 6:9) en el verso 10 las almas claman, aquí se hace uso de la Personificación “Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:10); Símbolo, refiriéndose a la persona “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4); En Sinécdoque, “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5) y “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30); en Atroísmo de enumeración, “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tesalonicenses 5:23) aquí donde en cada una se refiere a la persona misma, ya que el ser no es un elemento más aparte del espíritu y el cuerpo, tampoco el alma, mas bien vienen hacer alusión al individuo entero (nótese el contexto). Éstos entre muchos otros textos más que se pueden nombrar para ejemplificar este aspecto del lenguaje respecto al término alma dentro de un lenguaje retórico.

En conclusión, vimos cómo desde el principio se nos presenta la constitución bipartita del ser vivo de una manera muy simple y clara en la iniciación de la vida del hombre (Génesis 2:7; Apocalipsis 11:11) y también en la muerte del mismo (Eclesiastés 12:7; Santiago 2:26), de donde extraemos principios básicos para nuestra interpretación. El primer elemento constitutivo del ser vivo proveniente de la tierra y el segundo proveniente del mismo Creador como aquella energía que da vida al cuerpo, dando como resultado al ser vivo o el alma, así, al morir o dejar de ser, ambas partes vuelven a su lugar de origen. Así también, causando la cesación del alma al separarse sus partes constitutivas, no dejando lugar a una hipotética inmortalidad y subsistencia postmortem. También vimos cómo estos términos pueden ser utilizados maleablemente según el mensaje del autor dentro de un lenguaje figurado de modo tal que pueden prestarse burdamente para malas interpretaciones si no se toman en cuenta los usos y recursos de la lengua que los hablantes emplean al expresarse, dando como resultado incorrectas doctrinas como la inmortalidad del alma o la tricotomía antropológica del hombre que son incompatibles con la doctrina de la resurrección.





Notas y referencias:
[1] Ferrater Mora, José. Alma en Diccionario de filosofía. Alianza Editorial, Madrid 1979. Sección II, páginas 101 – 109. Puede leerse en línea:

[2] Como “Jaspers, Scheler, Ortega y Gasset, F. Noltenius” etc. 
Ferrater Mora, José. Alma en Diccionario de filosofía. Alianza Editorial, Madrid 1979. Páginas 101 – 109. Sección III, primer párrafo. Puede leerse en línea:

[3] Neshamah. #5397. Diccionario Strong. Puede leerse en línea aquí: 

[4] Ruaj. #7307. Diccionario Strong. Puede leerse en línea aquí:

[5] Pneuma. #4151. Diccionario Strong. Puede leerse en línea aquí:

[6] Nefesh. #5315. Diccionario Strong. Puede leerse en línea aquí:

[7] Psuché. #5590. Diccionario Strong. Puede leerse en línea aquí:




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viernes, 6 de septiembre de 2019

Creación EX DEO: Todo procede del Dios


Creación Ex Deo
Todo procede del Dios
Por Samuel Jaque Barrios



Este tema que presentaré, es, quizás, la pieza complementaria teológica faltante al argumento cosmológico de Kalam, el complemento al discurso, ya que es necesario presentar una cosmogonía coherente y ajustada a la realidad que llene los vacíos de la teoría teísta respecto al origen y creación del universo, cómo surge la materia y cómo el Dios lleva a cabo todo el universo conocido, es decir, presentar una teoría que supla todos los aspectos de la ecuación causal de sucesos, porque no basta solo con afirmar que el Dios lo hizo, sino que es necesario explicar cómo pudo haber sucedido. Ciertamente, el Kalam nos entrega una respuesta filosófica al contexto cosmológico respecto a la existencia de una causa al inicio del universo, pero no responde a la cuestión "¿de dónde procede la materia?" esto es; el origen, fuente o procedencia de ella, de dónde la extrae el Dios, ¿tuvo alguna procedencia?, porque debemos entender que el Dios por ser causa eficiente no es suficiente para la ecuación del suceso, así como no es suficiente solo con la existencia del escultor en la creación de una escultura, es por ello que, se requiere una respuesta completa. Sin embargo, es aquí en este punto donde comienza la discusión teológica ¿el Dios se valió de algún recurso preexistente para crear el universo o, la materia es eterna y el Dios solo la reordenó o, el Dios creó todo desde la nada sin recurso preexistente? Actualmente existen algunas teorías filosóficas y teológicas que atienden a esta pregunta, y estas son; la teoría de la creación Ex Nihilo, la Ex Deo, y la Ex Materia. 

Creación Ex Materia (a partir de la materia) 
Desde las cosmogonías mitológicas más antiguas y conocidas, se sostenía que la materia era eterna, que no tuvo comienzo, como en la antigua Grecia, donde se creía que la materia era eterna, y que ha sido reordenada por un dios, como Platón sostuvo, inclúyase aquí al Demiurgo de la mitología griega, un ente supremo ordenador de la materia informe eterna y en estado de caos[1]. Que no fue creada, sino que siempre ha existido. Esta concepción del universo se conoce como Ex Materia (lat. lit. "de la materia"), se concibe que la materia es eterna, y que solo ha habido reordenamiento de ella, es de ahí el nombre "a partir de la materia" o "desde la materia", así, el universo se consideraba eterno, fijo e inmutable, otras corrientes lo consideraban de ciclos interminables como los babilonios y egipcios. Y así subsistió hasta el siglo XX, incluso, esta concepción fue fortalecida por la primera ley de la termodinámica (principio de conservación de la energía. Siglo XIX), así mismo  lo consideraba inicialmente Albert Einstein (siglo XX), que posteriormente se vio obligado a desistir de esa idea debido a ciertos descubrimientos astronómicos. Y en los últimos años, varios astrónomos se han adherido a la teoría de un universo eterno, volviendo a esta antigua idea clásica, teorías como la del Rebote Cósmico o la del Big Crunch han tomado más fuerza, como es el caso de la teoría del Potencial Cuántico, que elimina la singularidad de la ecuación pero mantiene el Bing Bang, se concibe un universo infinito en el pasado, y el Big Bang solo fue un colapso, solo una fase del proceso eterno del universo [2]. Pero aun así  la teoría del Big Bang con la Singularidad, sigue siendo la más sólida y mantenida por la mayoría de astrónomos en la actualidad por cuanto tiene gran respaldo evidencial. 

Creación Ex Nihilo (A partir de la nada) 
Ya con el surgimiento del cristianismo, se introduce la idea de la creación a partir de la nada, Ex Nihilo (lat. lit. "de la nada"), en los primeros siglos de la era cristiana, contrapuesta a esta antigua idea de la materia eterna (Ex Materia). No fue hace mucho (siglo XX) que, con el descubrimiento del astrónomo E. Hubble de las galaxias alejándose (Ley de Hubble), la idea de un universo sin inicio fue comenzando a ser más lejana en el ámbito astronómico, junto a otros descubrimientos más (CMB, Paradoja de Olbers, etc.). Sin embargo, las otras teorías astronómicas de un universo eterno han seguido vivas en las sombras. Esta concepción ex nihilo, es la postura más común y aclamada por la mayoría de cristianos en la actualidad desde los primeros siglos de la era cristiana, tanto en el ámbito católico como protestante (crean o no la teoría del Big Bang), fue oficializada siglos más tarde en el catolicismo. Promovida en sus inicios en el siglo II por los gnósticos Basílides, Valentino, Taciano, y Teófilo de Antioquía, entre otros. Esta teoría sostiene que el Dios creó a partir de la nada (o desde la nada), esto es, en el sentido más estricto de la doctrina teológica, que el Dios no se valió de material preexistente alguno para crear el universo, por lo tanto, un universo contingente a partir de nada, que con ausencia absoluta de recursos lo hizo aparecer, sin necesitar algo para traerlo a la existencia, entonces "nada", no solo debe considerar como un inicio con la inexistencia del universo (sentido temporal), sino también, debe considerarse como ausencia de toda materia física y de todo tipo de recurso, sustancia y propiedad alguna de la que se haya valido el Dios para el acto creador, como así también lo sostiene W. L. Craig y O. Copan en su libro "Creación de la nada" (2004. Cp. 1 y 2). Esta postura, tradicionalmente, tampoco afirma que el Dios fue quien proveyó un recurso preexistente, sino más bien que, bastó su voluntad divina para que apareciera y comenzara a existir el universo. Así también, aquello creado, el universo físico o la creación, es considerado como algo separado del Dios, distinto de él. Uno de los más grandes influyentes de esta idea en los primeros siglos de la era cristiana, fue el filósofo cristiano Agustín de Hipona (siglo IV y V), quien desarrolla la teoría ex Nihilo en gran parte en algunas de sus obras. Él consideraba que el ser del producto creado, procedente de la ausencia de ser (privación), vino a ser solo por la voluntad divina del Dios y basto eso para traerlo a la existencia, sin necesidad de materiales, no vino de él sino de la nada, por lo tanto, también sin relación a la naturaleza del Creador. Él afirmó: 
“No las engendró de su misma naturaleza para que fuesen lo que es Él, sino que las creó de la nada a fin de que, como es razonable, no fuesen iguales ni al que las hizo ni a su Hijo, por quien fueron creadas” [3] 
Esta concepción también la sostuvo Tomás de Aquino (s. XIII) en Suma Teológica (q. 45) respecto a la distinción entre el Dios y la creación, aunque Aquino adoptó ciertas ideas del panteísmo de Avicena, donde el universo creado y el ser mismo para ellos permanece en constante dependencia del acto creador y sostenedor de su existencia por parte del Dios, tal dependencia o sostenibilidad divina permanente yo llamo Sostenimiento Activo, así también sostuvo Descartes y Leibniz, el cual es una visión heredada del emanantismo neoplatónico (de esto se hablará en la siguiente teoría). Sin embargo, a pesar de todos los intentos hermenéuticos de los distintos filósofos y teólogos, no encontramos en el relato creacionista de la biblia, algún indicio de esta idea, más bien, no se detalla ni se entrega dato alguno de lo sucedido previo al acto de creación, ni algún mecanismo lógico para respaldarla. Queda entonces a la especulación que podamos hacer filosóficamente. 

Ciertamente, esta idea de una creación desde la nada no tiene un fundamento racional donde nos podamos sustentar, porque ya al comenzar a analizarla presenta algunas falencias, en principio, no podemos apelar a la "nada" como una ausencia absoluta de todo ser, ya que la nada absoluta de todo ser no existe y no puede existir por cuando es inexistencia absoluta de todo, porque siempre habrá algo, sea el Dios como mínimo, y es necesario que existe algo donde haya sido puesto o ubicado el universo que fue creado, mínimamente un espacio, aun si no fuese físico, donde se le dio inicio a la Singularidad cosmológica y así a todo lo por venir de ésta, por ello, no se puede apelar a la nada absoluta, por otro lado, sumado a esta imposibilidad, si apelamos a la nada, pero no como una nada absoluta, sino como una ausencia de recursos útiles, o sea, una creación que no requirió recurso preexistente alguno para traer a la existente todo el universo, se convierte ya en una postura ilógica, porque rompe un principio básico de la realidad; así como todo efecto requiere una causa eficiente, hasta llegar a la primera causa, así también todo lo existente requiere una causa material preexistente para su existencia de donde haya procedido, así mismo, como algo que comienza a existir no puede existir sin causa eficiente, tampoco puede existir si no procede de una causa material, y así con todas las causas, hasta llegar a la causa material preexistente eterna, el Dios, de lo contrario, sería imposible afirmar que puede comenzar, porque no hay de donde traerlo a la existencia, y apelar a Dios de los huecos y afirmar que él lo hizo porque puede, sería una justificación muy caprichosa que altera la teoría de la causación y principios matemáticos básicos, en este aspecto, muchos nihilistas no dudan en apelar a la lógica cuando se trata de debatir con ateos, pero cuando se trata de describir al Dios se les olvida, pues como sabemos, la omnipotencia del Dios es vigente solo con aquello lógicamente posible, es por ello que no podría hacer un triángulo cuadrado, así como tampoco convertir nada (ausencia de recursos) en algo. Lo cual, lógicamente es inválido, porque de la nada no se puede producir algo, por la falta del recurso necesario para ello. Algunos defensores de esta postura, argumentan que solo bastó la idea del universo en la mente del Dios para que él lo trajera a la existencia, como la idea de la pintura en la mente de un pintor antes de pintarla[4], sin embargo, eso solo corresponde a la causa formal de la causación, y aun falta la causa material, como de hecho un pintor la requeriría, por lo tanto, sigue siendo incompleta. Por otra parte, la relación lógica matemática de esta teoría es básicamente incongruente, porque el proceso de creación se torna injustificado: El Dios (∞) crea el universo de la "nada" (N), es decir, sin recursos preexistentes (0 [cero]) para producir el universo (U). Siendo la "nada" la ausencia de recursos preexistentes (N = 0), que resulta en el universo (N = U), por lo tanto, el universo no puede existir (N = 0 = U). Y por ultimo, ciertamente, el universo físico tuvo un comienzo, y los nihilistas no se retrasan en fundamentar científicamente esta premisa, desafortunadamente, este respaldo no prueba ni justifica la idea de una creación de la nada, sino solo un inicio al universo conocido. Este inicio también es sostenido por la postura ex deo.

Creación Ex Deo (A partir del Dios) 
Pasando a la tercera teoría, la idea de la creación Ex Deo (lat. lit. "del Dios"), que algunos teólogos la vinculan a la teoría Ex Nihilo, sostiene una creación, como su nombre lo dice, a partir del Dios, la diferencia con la concepción nihilista será la consideración de inclusión de un recurso preexistente, por lo que en este caso, la idea ex deo respecto a la "nada", solo la concibe como un comienzo o inicio, es decir, del paso de la inexistencia a la existencia, por ende, "nada" debe entenderse en sentido temporal, así como un edificio antes de ser construido no existe, pero sí requiere necesariamente material preexistente para  llegar a existir, el cual, procede del Dios. La postura Ex Deo se divide en dos corrientes de ideas. 

La primera, es la postura Ex Deo tradicional, aquella que afirma una creación de la naturaleza del Dios, como el panteísmo, en esta, el universo o creación ocurre dentro del Dios y en el Dios, por tanto, la creación es de la naturaleza del Dios y es él mismo, comúnmente llamada Emanantismo. Uno de los más conocidos influyentes fue (Pseudo) Dionisio Areopagita (siglo V y VI) por sus tratados cristianos. En su idea de la Emanación divina de la creación, él ve a la materia preexistente como una emanación continua del Dios de su suma Bondad de su ser que se expande y causa el ser del universo, y pone como ejemplo la luz o rayos del sol proyectada[5]. Sosteniendo así el ser mismo de la creación con su Ser, debido a la inmanencia, es decir, a la unión esencial e inseparable (inherencia) con la creación, similar a la sostenibilidad que heredó Hipona (Sostenimiento Activo). Areopagita, quien posteriormente sería la principal influencia (junto a otros autores) para las ideas del filósofo y teólogo renacentista J. E. Eriúgena (siglo IX) considerado Nihilista, quien sostuvo que esa "nada" es la bondad divina que transciende todas las cosas e inaccesible al intelecto, y por tanto, todo es desde el Dios y dentro del Dios, porque no hay afuera del Dios (A Deo de Deo)[6]. Por ende, esta corriente de la teoría Ex Deo, tiende a ser más cercana al panteísmo, aunque algunos de sus promotores sean cristianos, consideran al universo como parte del Dios. Algunos autores destacados de esta corriente fueron Plotio (s. III), Proclo (s. V), Avicena (s. X-XI), entre otros.

La segunda corriente de la teoría Ex Deo, no es tradicional, que es la que nosotros consideramos la más adecuada, es la postura que presentaré a continuación. Este segunda postura de creación es nuestra perspectiva y postura personal, sostiene que del Dios proviene o procede el recurso energético preexistente necesario para crear el universo, aristotélicamente hablando, siendo el Dios la causa eficiente, origen operacional, autor del suceso o efecto, siendo él mismo el proveedor de la causa material para crear el universo, es decir, de él procede la energía necesaria, que es el recurso preexistente, que es transformada a materia física para llevar a cabo la creación del universo en la obra creadora. De la misma forma, cuando un escultor (causa eficiente) capaz de trabajar el material, crea una escultura (causa fin) requiere necesariamente del recurso preexistente para hacerla, el barro, el metal, la madera, etc. (causa material), de lo contrario, no podría hacerla. Así también, el Dios requiere del recurso preexistente para el universo. En este caso, según la potencia de cada uno (que es la capacidad de hacer), la potencia del escultor le permite hacer la escultura; manipular el material y formarla; la potencia del Dios le permite hacer el universo, y para eso, manipular el material preexistente para ello. 

Siendo el Dios el motor primigenio generador y fuente inagotable de energía y de vida, él al ser infinito y eterno, no compuesto por partes, es por consecuencia, inalterable ontológicamente, sin necesidad de ninguna fuente externa que lo sustente, más bien incausado y autosustentable, y su provisión o emanación energética no puede modificar su ser, por cuanto es infinito. Al emanar energía de sí, ésta es independizada y transformada a materia física (respetando la 1ra ley termodinámica), por eso, pasa a separarse de él y ser distinta de él (ausencia de inmanencia), posteriormente ordenada bajo el diseño universal, así, como un arquitecto y diseñador inteligente, coordina y ajusta todo de manera precisa creando un mundo físico con patrones y leyes, que a diferencia del dios de Platón, el demiurgo (que presenta en su obra Timeo) que es un genio ordenador de la materia informe y caótica, del Dios eterno todo procede, porque él es fuente primera de todo. El Logos (bíblico), es tal vez lo más parecido al Demiurgo, quien es el ejecutor, el medio ordenador o creador del Dios eterno, para crear este universo físico luego de haber provisto todo lo necesario, aunque con implicaciones distintas, un universo perfectamente ajustado y preciso eficientemente. Y así como él puede manifestar su energía y poder, y afectar el universo físico, así también puede realizar cualquier efecto de conversión energético entre la energía espiritual y lo físicamente material, por eso, es completamente aceptable esta conversión de energía espiritual a energía física. Siendo lo espiritual una dimensión de la realidad desconocida preexistente y trascendental. Se proyecta la energía, es transformada y se dispone en la Singularidad cósmica hasta su valor suficiente, para luego comenzar el universo. El universo, entonces, distinto de él y armado inteligentemente para su autoequilibro físico (leyes y principios físicos universales, condiciones universales en general), puede funcionar con independencia pero gracias al Dios, a lo que yo llamo, Sostenimiento Pasivo. En este caso de sostenimiento, la existencia misma de la realidad del universo físico es estable por sí mismo en cuanto tiene toda la energía necesaria y el mecanismo provisto para su funcionamiento y mantenimiento, sin perjuicio de las consecuencias entrópicas, y el Dios, puede manipular, controlar o acabar con él si así se lo propone, este diseño funcional es comparable con el ejemplo de un reloj.

El razonamiento y principio filosófico para sostener esta postura, es el siguiente, lo sostengo en base a la observación de la realidad o la naturaleza, que es la manera de entender al Dios (Romanos 1:20): La naturaleza es reflejo o evidencia de todo y el medio para comprender a la deidad y su eterno poder; todo en cuando existe en el universo y tiene causa, requiere de un recurso previo para su existencia, por ende, también el universo finito en su totalidad al tener causa, siendo la fuente primera y eterna el mismo Ser todopoderoso incausado y autosuficiente, generador y proveedor de energía ilimitadamente por cuando él es infinito, por lo tanto, inmutable o inalterable, de quien provienen todas las cosas (1 Corintios 8:6), él es causa y fuente de todo cuanto existe. La relación lógica matemática sería la siguiente de la creación y la inmutabilidad del Dios: Del Dios (∞) proviene la energía necesaria (E) para el universo (U). El Dios no deja de ser lo que es ni disminuye ni altera su ser por proporcionar energía de sí mismo (∞ - E = ∞). La energía preexistente provista es del mismo valor enérgico que el universo, por lo tanto hay equivalencia, pero aparente o estéticamente distintos (E = U), demostrando que matemáticamente es aceptable. Entonces, el recurso energético (E) es modificado o transformado a estado del universo (U), que es la obra de la creación. Teológicamente, es la única postura que tiene respaldo en textos bíblicos, pues todo procede del Dios (1 corintios 8: 6; 11: 12 romanos 11: 36) y el universo fue hecho de un recurso preexistente no físico (hebreos 11:3). 

En conclusión, como hemos dicho, la postura Ex Nihilo sostiene una creación que no requirió recursos preexistentes (causa material) para la obra creadora, por eso, fue hecho con nada, pues solo bastó la voluntad divina, quien también mantiene a la existencia activamente dependiente de él (Sostenimiento Activo) y como un ente diferente a él. Mientras que la postura Ex Materia considera a la materia física eterna, por ende, una existencia del universo material eterno, sin inicio ni final, pero con posibles ciclos de reordenamiento según algunas corrientes. Por su parte, la postura Ex Deo tradicional, en su corriente neoplatónica, afirma que la creación es una constante extensión del Dios y en el Dios, por tanto, de su naturaleza, y así, de su constante dependencia para su existencia (Sostenimiento Activo). Por último, la segunda corriente de la teoría Ex Deo no tradicional, que es la que he propuesto, afirma que el universo fue creado con un recurso energético procedente del Dios, independizado de él y transformado a materia física, por tanto, distinto de él, diseñado y puesto en funcionamiento con completa posibilidad de control (Sostenimiento Pasivo).

  



Notas y referencias 
[1]. Como se puede apreciar en la obra Timeo de Platón. 

[2] Ahmed Farag Ali y Saurya Das: "Cosmology from Quantum Potential" (Cosmología del potencial cuántico). Physics Letters B. Volumen 741 (2015). pp. 276 - 279. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.physletb.2014.12.057

[3] DE HIPONA, Agustín (1957b): "Del Genesis contra los Maniqueos" (De Genesi contra Manichaos), en Obras de San Agustín, Vol. XV. Madrid: BAC. II. p. 4. 

[4] ZACHARIAS, Ravi y GEISLER, Norman (Ed. Grales). "¿Quién creó a Dios?". Editorial Vida, Miami, Florida. 2007. pp. 28 - 30. 

[5] AREOPAGITA, Dionisio (2005): "Los nombres divino" estudio preliminar, traducción y notas de Pablo Cavallero, Buenos Aires, Losada. IV, 1, 693b. 

[6] PIEMONTE, Gustavo A. (1968): “Notas sobre la creatio de nihilo en Juan Escoto Eriúgena”. Sapientia, 23, p. 67. 



jueves, 25 de julio de 2019

El verdadero significado de tener la plenitud de la deidad


El verdadero significado de tener la plenitud de la deidad

Por Samuel Jaque Barrios


"Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2:9)

Es conocido el texto que nos dice que Jesús tiene la plenitud del Dios en su persona, el texto de Colosenses 2:9 es el protagonista a la hora de mencionarlo. Muchos consideran que esta idea nos declara que Jesús es cien por ciento Dios o el Dios en un sentido trinitario o unicitario, sobre todo cuando lo relacionamos al texto de Filipenses 2:6 ("siendo en forma divina...")  o al texto de Colosenses 1:14 ("es la imagen del Dios invisible..."). Sin embargo, aunque Jesús es un ser divino y poderoso, esa concepción está alejada del verdadero significado de esa declaración. Si bien es cierto que Jesús es un ser divino como el Dios y los demás seres espirituales, este texto no se refiere ni a naturaleza ni a la identidad de él. El registro bíblico integral nos enseña que esta cualidad de Jesús se refiere a que él posee todos los atributos de la personalidad perfecta del Dios, es decir, el Amor, y por ende, los demás atributos que se subordinan por consecuencia (bondad, mansedumbre, etc, etc). Y que los cristianos también podemos tener esa plenitud del Dios si Cristo habita en nosotros. Para ello, vamos a leer los pasajes que nos iluminan sobre este regalo maravilloso del Dios:
"Para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; 19 en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios" (Efesios 3:17-19 NVI)
Aquí se nos declara que podemos ser llenos de la plenitud del Dios si habita en nuestros corazones el Cristo, quien ya tiene la plenitud del Dios, de modo que al tener a Cristo, llegamos a conocer la grandeza de su amor que excede todo conocimiento, y por ende, el amor del Dios que habita en él. Jesús es la representación perfecta del amor del Dios, por eso, en el versículo siguiente de Colosenses 2:9 luego de afirmar que Jesús tiene la completitud (plenitud/llenura) del Dios, se nos dice que nosotros también la tenemos si él habita en nosotros, quiero citar la versión NVI que nos trasmite perfectamente esto y concuerda identicamente con lo anterior expuesto (también la RVC, NBV, CST, entre otras) que es una de las versiones que nos lo expresa con mucha claridad:
"Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo; y en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud." (Colosenses 2: 9-10 NVI)
Sería equivocado asumir que Jesús contiene literalmente en sí mismo al Dios mismo, como asumen algunas doctrinas populares, eso significaría que los cristianos también tendrían al Dios en sí mismos en su cuerpo, lo cual, claramente nadie está dispuesto a afirmar. Es por ello que, al asumir lo primero, debería significar asumir lo segundo, pero nadie hace eso, demostrándose la inconsistencia en la interpretación del texto. Adicional a ello, es sorprendente la ligereza con que tratan al Dios todopoderoso al reducirlo a un cuerpo, lo absurdo que es afirmar que un Ser Eterno e Infinito (INFINITO), que no tiene límites y que todo lo llena, esté literalmente contenido en un cuerpo, esas es una de las consecuencia aberrantes que condice en creer en doctrinas como la trinidad y la unicidad. Volviendo al tema, el texto de Colosenses 1:19-20 tambien nos habla de la plenitud dada por el Dios, y nos señala aquel sacrificio que nos reconcilia con él, esto es, el sacrificio de la cruz, la muerte de Jesús, la demostración de amor del Padre llevada a cabo por el Hijo, dándonos paz mediante ese sacrificio de amor que se corporizó en él:
"Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz" (Colosenses 1:19-20 NVI)
Así, cuando decimos que en él o en su cuerpo habita la plenitud del Dios, nos estamos refiriendo que él es la representación plena del gran amor del Padre, donde todos sus atributos amorosos convergen y se manifiestan en su sacrificio y en él mismo, así por siempre él es el emblema celestial del Dios, por ello también, que debido a eso, él está por sobre todos, y el Dios lo ha puesto como Señor del universo, y como dice el texto, porque así le plació al Dios para con su Hijo. Una idea más similar podemos extraer de la biblia, la plenitud de Cristo, esto es, obtener plena fe y conocimiento, conocer al Dios y tener fe en él a un grado óptimo así como Jesús, para estar a la estatuta de su plenitud, y esto, por medio de la edificación en la unidad de unos a otros. (Efesios 4:13). Entonces cuando alguno quiera decir que está lleno del amor del Dios, puede decir que tiene la plenitud del Dios.







lunes, 1 de julio de 2019

Principios básicos para la lectura bíblica


Algunos principios básicos para la lectura bíblica



En esta ocasión les traigo algunos principios básicos útiles para la lectura de los textos bíblicos, que nacen de un razonamiento lógico de los sucesos. Desafortunadamente, algunos lectores cuando leen la biblia, olvidan ser intérpretes integrales y prudentes a la hora de analizar un texto, y descuidan principios básicos que deben tener presente. Estos principios que quiero mencionar, entre muchos que existen, nacen de una lógica secuencial de sucesos, en que, dado determinado suceso real, necesariamente implica o reconoce un suceso anterior que lo causó, desprendiéndose dos inferencias que he elegido mecionar ya que son útiles para los ejemplos bíblicos que mencionaré posteriormente. Uno es de distinción lógica entre entidades (causas, sucesos, cosas, conceptos, etc) y otro de inferencia lógica, el primero, a), el suceso o causa (o entidad) anterior no puede ser igual al suceso (o entidad) posterior (lo desprendo del principio lógico de no contradicción) y, b), el suceso posterior se subordina de manera lógica, particularmente, a la causa que la generó (lo desprendo del modus ponendo ponens).

Es importante mencionar que estamos asumiendo que la causa anterior es conocida, por lo tanto, es una causa, suceso o entidad determinada, y que son sucesos particulares determinados, es decir, que aplican cuando éstos están presentes implícita o explicitamente, por lo que no deben interpretárseles  cuando aparece solo uno de los sucesos sin conocimiento de la causa anterior. La naturaleza o carácter de los sucesos o entidades dependerá del contexto en que se hable, puede ser de efectos físicos, de acciones, de mandatos, de jerarquía, etc, todo que realice una secuencia. El enunciado uno, podemos ejemplificarlo de distintas formas, pero a modo de ejemplo genérico, "un hombre E manda a otro hombre F que haga algo y lo hace", en primer lugar, podemos inferior que el sujeto E es distinto del sujeto F, de lo contrario, no existiría secuencia lógica entre dos entidades de acción analizada en particular, en segundo lugar, podemos inferir que si el hombre E no hubiese mandado al sujeto F, el sujeto F no hubiera realizado la acción hecha particular, implicando una subordinación lógica y real, además, aquí se presupone que el hombre E tiene la capacidad, según la naturaleza del suceso, a ordenar (causar) el suceso posterior del hombre F.

Estos mismos principios básicos de un razonamiento lógico, deben ser aplicados al momento de someternos a las sagradas escrituras, algunas veces parecen tan obvios que ni siquiera lo pensamos, como cuando leemos que un hombre es hijo de otro, asumimos implícitamente que el padre lo engendró y tiene la capacidad hacerlo, que el padre es mayor que el hijo, y además, son seres distintos, todo esto son sucesos lógicos de la realidad y que atraviesa todos los contextos que se traten de situaciones reales. El propósito de mencionar esto es recordar que es importante tenerlos presentes a la hora de leer la biblia, sobre todo, cuando la interpretación implica un tema polémico, y no lo mencionaría si no existieran casos en que sea necesario recordarlo. Y quiero mencionar algunos ejemplos bíblicos, y que es común que los lectores cometan el error de pasar por alto estos principios en ciertos pasajes con interpretaciones muy controversiales, causando malas interpretaciones y por ende, conclusiones ilógicas, que no se siguen de las premisas o que contradicen otros pasajes bíblicos.


Ejemplos bíblicos

1). Si crees en Jesús, crees en el Dios que lo envió.

Cuando se cree en Jesús (que es el mesias y en su mensaje), se está creyendo automáticamente en el que lo envió, en el Dios, ya que Jesús es representante y enviado de él y su Hijo. En este caso, tenemos textos explícitos que nos ayudan a comprenderlo, leamos:
"Jesús exclamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado" (Juan 12:44)
Aquí se forma una validación en cadena, la atribución de confianza en el enviado, alcanza a cubrir la confianza en el enviador, como una estructura de validación jurídica, el enviador es distinto del enviado, y el enviado no hubiese sido enviado si el enviador no lo hubiese hecho y no tuviese la capacidad de enviarlo. Un texto que es común citar y que comúnmente se apela a él rompiendo estos principios lógicos antes mencionados es, Hechos 16: 31 - 34, leamos:
"—Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos —le contestaron. Luego les expusieron la palabra de Dios a él y a todos los demás que estaban en su casa. A esas horas de la noche, el carcelero se los llevó y les lavó las heridas; en seguida fueron bautizados él y toda su familia. El carcelero los llevó a su casa, les sirvió comida y se alegró mucho junto con toda su familia por haber creído en Dios"
Algunos lectores al repasar estos versículos, asumen que cuando dice que todos en la familia creyeron en el Dios, se está diciendo que Jesús es el Dios, ya que versos antes se afirma que creyeron en Jesús. Sin embargo, como ya hemos señalado, esto es incorrecto, el primer principio nos dice que el suceso u causa anterior, no es igual al suceso posterior, en este caso, sabemos que Jesús es el Hijo del Dios, es decir, que el Hijo no es el mismo que su Padre (Dios), estos son el enviado y el enviador respectivamente. En otras palabras, creer en Dios en este texto, es una consecuencia lógica de creer en Jesús. Esta conclusión se confirma explícitamente con el primer pasaje mencionado Juan 12:44, aunque como he dicho no es necesario que lo haga, ya que constituye un principio básico.

Aquí el texto nos está diciendo que el guardia romano y la familia creyó a la palabra de Dios que le expusieron (v. 32), y que confirmaba el mensaje que promovían sobre Jesús como mesias. La creencia en el Dios era esencial en este sujeto, ya que se trata de un romano y su familia, los cuales, como sabemos no creían en el Dios de los judíos, sino que en dioses paganos. Aquí al creer en el mensaje de Jesús que predicaban los apóstoles, conlleva lógicamente creer en el Dios que dijo que lo envió.

2). A quien se le subordinó todo, se subordina a aquel que le subordinó todo.

Otro de los ejemplos que aplican aquí es el el tema de la subordinación jerárquica entre el Dios y el Hijo, algunos incorrectamente sumen que Jesús al ser a quien el Padre le subordinó todo a su poder, él está en igual o mayor jerarquía que el Padre, quien le subordinó todas las cosas, y por ende, lo excluirían de autoridad. Uno de los textos más citados para proponer esta idea es mateo 28:18, donde Jesús afirma tener toda la potestad en el Cielo y el la Tierra. Cito:
"Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra."
Los principios que hemos asumido aquí, arrojan los siguientes razonamientos de este pasaje, el suceso posterior aquí es la adquisición de autoridad por parte Jesús, y el suceso o causa anterior es la autoridad del que se la dió. Si bien el derecho de posesión le fue trasmitido a Jesús, por lo cual se enseñorea, no rompe los principios lógicos de razonamiento, el primero, nos permite inferir que la autoridad de Jesús es distinta a la autoridad del que se la dió, y segundo, que la autoridad de Jesús, se subordina a la autoridad del sujeto que se la dió. En otras palabras, en ningún caso la autoridad de Jesús es igual o superior a la autoridad del Dios y Padre que se la dió, a menos que se diga explícitamente lo contrario, lo que constituiría una excepción al principio, pero a falta de esto, debe asumirse el principio. En esta caso, al igual como sicedió con el ejemplo anterior, afortunadamente hay evidencia que confirma estas conclusiones, que como hemos dicho no requiere necesidad de que el texto bíblico lo aclare, por ser un principio lógico, pero aun así, la biblia tiene la gentileza de recordarnoslo, y lo hace con el texto de 1 Corintios 15: 27
"pues Dios «ha sometido todo a su dominio». Al decir que «todo» ha quedado sometido a su dominio, es claro que no se incluye a Dios mismo, quien todo lo sometió a Cristo."
Pablo, en esta ocasión, aunque no era necesario hacerlo porque debería ser una inferencia lógica, él aclara que es obvio que el hecho de que el Dios le ha sometido todo al Hijo, él no está incluido en ese "todo", pues ese "todo" se refiere a todo de un conjunto determinado de cosas, en este caso, a lo que hay en el cielo y el la Tierra, excluyendo al mismo Jesús y al Dios, quien es el que le concedió ese lugar de señorío.

3). Si Jesús es el medio de creación de todas las cosas, él no puede ser parte de lo creado por medio de él.

Respecto a la creación del universo, se nos dice en Juan 1:3 que por medio de Jesús se crearon todas las cosas y sin él nada hubiera sido creado, y en base a eso, se afirma que él no podría haber sido creado, porque todo lo creado fue creado por medio de él. Cito el texto:
"Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir."
La interpretación lógica de este texto es el siguiente, el primer principio aquí de los sucesos se distingue en que, "el medio creador" (Jesús) es distinto de "lo creado" por medio de él, por lo tanto, es incorrecto asumir la posibilidd de que él podría estar incluido en aquello que fue creado por medio de él, porque él fue el medio creador para todas esas cosas, y que requiere que el exista previamente para que hayan sido creadas, aunque diga "todo", el cual no es un todo absoluto, porque no lo incluye a él ni incluye al Dios. El segundo principio, la creación de todas las cosas (suceso posterior) se subordina al agente por medio del cual fueron creador todas estas cosas, a Jesús (causa o suceso anterior), es decir, es anterior a lo creado y tiene la capacidad de llevarlo a cabo. Afirmar en base a este versículo una eternidad o no eternidad de Jesús, no se sigue o no es lógico, ya que el texto no tiene el alcance para informarnos de ese tema ni se infiere tal conclusión de sus enunciados, es decir, que el texto no afirma ni niega que Jesús es eterno ni afirma ni niega que tuvo origen, solo se infiere lógicamente que él al ser el medio de causa es anterior y distinto al suceso posterior, y además, en este caso, ese "todo" de cosas creadas, se refiere al conjunto determinado de todas las cosas creadas por medio de él, y no a un todo absoluto, al igual que el ejemplo anterior, por lo tanto, no se debe usar en apoyo a tal premisa.

Estos y otros ejemplos más pueden ser mencionados para ilustrar estos principio básicos a la hora de analizar un texto bíblico. En otro artículo prentaré los principios o reglas generales de interpretación de textos, los principios mencionados en esta ocasión solo fueron a modo de referencia para la hora de hacer una lectura.





viernes, 28 de junio de 2019

Tres Personas; Una Naturaleza. Una pseudoexplicación de la trinidad


Tres personas; una naturaleza
Una pseudoexplicación de la trinidad
Por Samuel Jaque Barrios



La mayoría de la doctrina trinitaria comúnmente intenta explicar la idea de la trinidad apelando a los términos "persona" y "naturaleza" (y "ser") para cargarle un sentido lógico al concepto, al presentar términos distintos, y lo que hace es aseverar que la trinidad es; tres (3) personas, en una (1) naturaleza, pretendiendo construir así un concepto lógico del trinitarismo, ya que, como sabemos, no podemos conciliar valores desiguales como si fuesen iguales, es decir, tres(3) personas(p) o seres que son una(1) persona(p) (3p=1p), porque causaría una contradicción lógica, por lo que a cada término numérico de la fórmula se le atribuye una categoría descriptiva distinta, entonces,  los "tres"(3) entes se identifican con "personas"(p) o "seres", y el ente "uno"(1) se refiere a "naturaleza"(n), lo cual, son semánticamente referentes de categorias distintas, que consecuentemente significa que el Dios es; tres(3) personas(p) en una (1) única y misma naturaleza(n) (3p=1n), el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo equivalentes a un solo Dios, así se elimina la incoherencia. En otras palabras (si queremos imaginarlo), tratando de formar a tres personas que comparten una naturaleza como si esta naturaleza que es Dios, fuese una especie de energía o alguna clase de materia divina o espiritual constitutiva escindible que forma o compone a las tres personas dotándolas inherentemente de las cualidades omnipoderosas características de deidad sin dejar de ser un solo Dios, significando así, un único Dios en tres personas. Eso sin duda cumple su cometido en confeccionar una idea completamente lógica que abarca unidad en tres personas, sin embargo, al mismo tiempo al hacer esto, causa que se alejen del correcto concepto de la trinidad y por consecuencia, dejen de explicarla, haciéndola insuficiente para describirla, creando una pseudoexplicación, ya que la nueva idea construida, no implica a una trinidad en sentido estricto.

Como ya en otras ocasiones se ha tratado esto, no es posible conciliar el concepto de la trinidad con la lógica matemática, y se ha dejado claro en el artículo titulado "La Trinidad y el Razonamiento Lógico" presente en esta página y que he adjuntado al final de este artículo. En esta ocasión, nos enfocaremos en el área lingüística del argumento. Los trinitarios, al apelar a tres personas en una naturaleza, se alejan del concepto de la trinidad, ya que esta nueva idea concebida, no implica trinidad, porque estaríamos afirmando que Dios es una naturaleza en tres personas, lo cual, no tiene sustento bíblico, ya que el Dios no es una naturaleza, las escrituras nos enseñan claramente que el Dios (YHWH) es un único ser divino, con una sola personalidad individual (Dt 4:35, 39; Sal 18:31; Isa 43:10-11; Jn 17:3; 1 Cor 8:4,6), un ser individual y excepcional que se distingue de otros seres, aun del mismo Jesús, su Hijo (Ro 15:6; 2 Cor 1:3; 11:31), y ciertamente, el término "ser" y "persona" no son lo mismo, ni "ser" y "naturaleza", pero tienden a confundirse en el discurso trinitario, y este es uno de sus más comunes errores, la carencia de comprensión de estos términos, para entender esto, debemos conocer las definiciones de estas palabras y la relación entre ellas, y eso es lo que haremos aquí. Pero como he señalado, no nos referiremos a la lógica aritmética o matemática de las entidades entre sí, para eso está el artículo antes mencionado, sino que nos referiremos en forma breve al aspecto y coherencia semántica de los enunciados.

El término "ser" es el ente, es la entidad real, es decir, es aquello que “es” que tiene existencia real; forma parte de la realidad, y se distinguen de otros seres según su naturaleza, cantidad e identidad. Mientras que "naturaleza" (o "esencia") es aquello que caracteriza a un ser o ente, las características y propiedades inherentes que lo hacen ser lo que es. Por otro lado, "persona" es un ser con poder de raciocinio y cuenta con consciencia e identidad propia. Dicho esto, ahora sí entenderemos de manera correcta al Dios, no como una naturaleza, sino como; un ser, ente o entidad; con personalidad (persona), porque es un ser con raciocionio, consciencia e identidad propia; de naturaleza divina (o espiritual). Por esto, toda persona es un ser y tiene naturaleza determinada. La naturaleza son las características constitutivas del ser, por eso, cuando nos referimos a ella, no nos estamos refiriendo a un sujeto (ente) en particular o persona/s, sino a las características determinadas y diferenciadas de una especie de ser/es, según de que o quien hablemos. Así, a modo de ejemplo; Juan es una persona humana, lo que significa que es un ser de naturaleza humana, el cual está dotado de personalidad determinada (persona). Ahora, si lo aplicamos a un ente celestial diremos; el Dios es una persona divina (o espiritual), lo que significa que es un ser de naturaleza divina (o espiritual), dotado de personalidad determinada (persona).

Con esto, ya podemos entender que si queremos referirnos al Dios (YHWH) como si fuese usa esencia o naturaleza, sería semánticamente incorrecto, debido que, si decimos eso, estamos refiriéndonos a cualidades o características determinadas y no a un ser determinado, y a cada ser o persona que se le atribuya ser "Dios" sería distinto de otro, y por ende, otro Dios, por lo que al reconocer al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo como tres personas, y que cada una de ellas es Dios en sí mismo, es prácticamente afirmar que son tres Dioses, ya que "Dios" pasa a ser la naturaleza divina constitutiva de estos seres distintos. Así mismo, si decimos que Juan, Pedro y Marcos, son tres personas que pertenecen a una misma naturaleza, que son de una sola naturaleza, la humana, solo estamos diciendo que cada uno es humano, porque cada uno tiene o lleva en sí mismo la naturaleza humana, pero siguen siendo tres entes distintos, tres personas humanas, y no un humano, y lo único que los une o los designa como iguales es su naturaleza constitutiva, pero no en un sentido de ser una misma entidad entre ellos, sino en ser entes de una misma especie. Esta lógica de los trinitarios resulta muy distinto al correcto concepto de una trinidad, el cual es; tres personas divinas distintas que son Dios completamente en sí mismas cada una, y que forman un solo Dios entre ellos.

Como vemos, sostener que el Dios es una naturaleza en tres personas, conduce irremediablemente al politeismo, y no satisface la definición de la trinidad. El Dios es un Ser inteligente unipersonal y autosuficiente, que no es una naturaleza, sino que su Ser tiene una naturaleza, la divina (espiritual), por lo tanto, es un ser divino, que tiene la propiedad de ser eterno y todopoderoso a diferencia de los demás seres divinos (espirituales) que son creados por él, es por eso que él ostenta el título jerárquico de "Dios" y además, el único Dios, porque es el Ser supremo y el único supremo, es decir, que él está sobretodos y nadie está sobre él ni nadie es igual a él, además de ser el creador de todo lo que existe. Misma naturaleza divina a la que pertenecen los demás seres espirituales (ejemplo; ángeles), y que un día los redimidos alcanzaremos, como ya se ha explicado en el artículo "Los redimidos serán divinos", que se encuentra en esta página y que he adjuntado al final de este estudio.

En conclusión, el término "Dios" no hace alusión a una naturaleza, ni el término "naturaleza" se refiere a una especie de masa o energía espiritual que une y compone o se distribuye en tres personas o seres, sino que el Dios es un ser con identidad particular, de naturaleza divina (y con jerarquía suprema), por lo tanto, lógicamente, es un ser inteligente divino unipersonal.






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